Chronicle #11 (Ciclofilia y Frustración 2da parte)

Posted by Ricardo Robles | Posted in | Posted on viernes, enero 01, 2010

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Entonces, ¿en dónde la voy a dejar, o qué.... ya vio que no tiene estacionamiento para bicis? -dije, ya molesto de que mi argumento sobre las ruedas y los medios de transporte le había sido en absoluto relevante. No sé -segura e indiferente contestó la pistolera del Centro Magno- pero no puede pasar con ella, ni meterla al estacionamiento de la plaza... -terminó.


Yo había visto, hace años, estructuras para sujetar motos y bicis, pero ya no estaban; a una cuadra en un café había dichas estructuras, pero se me estaba calentando la sangre y sentía sobre mí una misión que no podía definir, una extraña fuerza de terquedad me llevó a darle la vuelta a la plaza por fuera y entrar al estacionamiento. Entramos a pesar de ésta simpática señal:



Esquivamos las plumas robóticas de seguridad y nos colamos: entrando, ahí (donde están las puertas del elevador y las escaleras) atamos nuestras bicis con sus respectivas cadenas al barandal de la escalera. Bien atadas ya, -y sin representar estorbo al caminante- subimos la escalera, y ya en los últimos peldaños de la misma bajaba la Clint Eastwood de esta historia. Esta sheriff del centro comercial, bien leyó nuestras intenciones de hacer caso omiso de su indicación, iba por nosotros, nos miró con ojos de viejo lobo de mar y sus fosas se abrían como paracaídas. No nos detuvimos, seguimos seguros y con la frente en alto. Estábamos convencidos de que no había falta -a la seguridad, ni los buenos modales- en nuestra acción, además en mis adentros rebotaba la idea de que un centro comercial debía ofrecer la infraestructura necesaria para sus visitantes.




La película no fue tan buena como lo que sucedió al bajar las escaleras. Yo traía una mala espina: aquella mirada abrasiva prometía un final más interesante. Así fue, al llegar por nuestros vehículos todo parecía estar bien, desencadenamos los marcos y... ¡Lo sabía! ¡La daga estaba hecha! Al levantar mi bicicleta, la llanta delantera siguió caminando -y casi golpea a una mujer- cuando yo me quedaba con el resto de la bicicleta a mi izquierda; miré la llanta trasera de Ella y el rin dejaba su marca en el mármol del suelo. Nos la hicieron buena. Alguien retiró las mariposas del eje de mi llanta y había sacado todo el aire de la llanta trasera de Ella, por lo menos no la había ponchado. Debo agregar que me esmeré en buscar en todos lados mis piezas, quién querría mis piezas, muy probablemente es la única bicicleta de ese modelo en uso: ¿Por qué no las tiró por ahí, en un bote de basura? Las busqué en todas partes...

Razonamiento en pasos:

1. No fue un intento profesional de robo de bicipartes, sino un ardid de aficionado. Quizá travesura, pues, de contar con los artilugios propios del oficio, se hubieran llevado por lo menos el marco, que es lo más costoso, o las lucecitas de Ella, que eran de reciente adquisición.

2. Un ladrón aficionado se hubiera llevado las lucecitas, no mis mariposas del eje de la llanta. El modelo de mi Magistroni tiene veinte años de haber dejado de ser actual.

3. El acto fue más de corte vandálico que delinquivo, pues la evidencia muestra sólo un afán por hostigar a los propietarios.


Pregunta:
1.¿Quién podría querer hacernos daño?

Resolución:
Dede luego, -y como podrán imaginar ustedes- mi mente apuntó a los ojos ardientes de La Alguacil de plaza. Pensé que nuestra actitud que al final de cuentas siempre fue serena y nuestro acto cuasirebelde, en el que trajimos una opción nueva, que para La Guardia era inexistente en su pensamiento binario y plano, vio amenazada su superioridad en la jerarquía del acomodo social del centro comercial, un atentado a la seguridad, a su autoridad. Y para demostrar qué ella sería quien reiría al final, nos dejó de regalito: una bicicleta incompleta y otra sin aire, para el caso lo mismo de inservibles ambas. Ahora tendríamos que regresar a pie y medio cargando las bicicletas estropeadas.

El Padrino diría: Lo que importa no es el acto, sino el mensaje. A mí, el mensaje, me importa un comino. En cambio, el acto, me fastidió hasta los huesos. Agradarle o no a La Guardia me va igual que me viene, pero, hasta la fecha mi bicicleta siguie imcompleta y ha sido un total cirquito encontrar las piezas de ese arcáico modelo.

C O N T I N U A R Á . . .

Imagenes de la película italiana Ladrón de Bicicletas (Recomendación de El Peatón)

Mientras, para ver más sobre seguridad ciclista y artefactos antirobo visita:

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Chronicle #12 (The Reporter)

Posted by Ricardo Robles | Posted in | Posted on viernes, enero 01, 2010

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Ruta: 380Hora: 15:42 hrs.
Unidad: A-2178
Modelo: URBUS
Forma de pago: Transvale

Bien ubicado ya en mi asiento, y después de unos minutos de haber abordado uno de los buques de la flotilla de la muerte, vi cómo un hombre -carente de cualquier apariencia estudiantil- tras su mujer ofrecía su boletito rosado al chofer. Notable renuencia mostraba el operador del A-2178 para aceptar dicho papel como paga por el servicio ofrecido, cuando finalmente el hombre sacó de uno de sus bolsillos un paquete de hojas (unas color verde y otras del blanco común que suelen ser los papelitos vulgares) envuelto en una arrugada bolsa de plástico. Las mostró y fue entonces que pudo cruzar la difuminada línea que separa a los pasajeros del dictador del cajón de hojalata. Despejada la zona de acceso, de la cuarta hilera de la izquierda se puso en pié un personaje nuevo para éstas crónicas del Peatón.

Un hombre adulto, de lacio cabello y canguerera verde a la cintura -y para mi gusto de un símil al tipo argentino. Se acercó al asiento del chofer y comenzó un diálogo del que no pude escuchar prácticamente nada. En sus movimientos se le notaba muy exitado, molesto, pero no furioso. El chofer intercambiaba también cortas y largas frases al compás de constantes sacudidas horizontales de cabeza. El hombre, con la izquierda en el tubo, mantenía su valiente enfrentamiento verbal con el chofer. Había como de costumbre mucha gente en el pasillo, y a pesar de ello, alcancé a ver cómo -de quién sabe dónde- sacó una lastimada hoja blanca que ponía en las narices del chofer como todo un agente federal del FBI. Tal cual lo hemos aprendido después de tardes completas frente al Canal 5. El valiente finalmente regresó al pasillo con la estaca de la mirada del chofer en el retrovisor, que fabulosamente encuadraba sus poblados bigotes y cejas. Yo creo que más de la mitad de los pasajeros se dieron cuenta de la extraña riña, pues a todo esto le sucedió el curioso silencio que produce una situación imprevista.


-Tiene que, tiene que... Dice que no le importa, pero mañana ponemos el reporte, de eso yo me encargo- sentenció confiado y pelando los ojos a una mujer de raíces canas en la cabeza, quien sospecho fue su compañera de viaje antes de su irrupción en el cotidiano frena y acelera del 380. Yo todavía distaba a unas cuatro personas del hombre cuando se desocupó el asiento a mi izquierda que ocupé emocionado. Quizá así podría terminar de conjeturar lo que ahí sucedía. Saqué de mi mochila cuaderno y pluma ,y entre el murmullo y la temblorina del camión comencé a escribir lo que había sucedido mientras en el metro y medio de distancia se estrellaban o desviaban las palabras del hombre y la mujer.

-Sí, sí, sí andamos viendo si los choferes se paran en las paradas oficiales, si dan bien o no el servicio...- le escuché al hombre decir. -Y es rarísimo que sea un hombre mayor...- dijo bajando la voz el hombre.

-Los hombres mayores suelen ser educadísimos.- decía al tiempo que cerrando un círculo con el índice y el pulgar subía y bajaba lentamente.

-Si viera el 59-A... ahí todos son bien amables, yo me subo bien temprano, soy la única que se sube a esa hora y los choferes hasta te dicen: buenos días, que tenga buen día, cómo le ha ido... qué bueno que la vuelvo a ver... Amabilísimos- decía la mujer con acento de lavadero.

-No, no, no, qué bueno que me dice, porque a así como decimos de éstos, también hay que darles el crédito a quienes hacen excelentemente su trabajo- contestó el valiente quien parecía estar llegando a su destino.

-Esa es la consecuencia de trabajar en un trabajo que no les gusta...- Fue lo útimo que le escuché decir después de seguir conversando unos instantes más con aquella mujer que se veía tan interesada como yo en la plática y la aparición del confrontador personaje. Hasta aquí dudaba si el hombre era uno de esos inspectores de ruta, pero los inspectores se dedican casi exclusivamente a pedir de los usuarios sus tickets para confrontarlos con el rango de la numeración que el chofer tiene prensados debajo de su cajita para las monedas. Dudo, pues, de la veracidad de los datos que les comparto a continuación, ya que los pedazos de frases pasan todos a través del ruido y el movimiento, y uno tiene que echar mano de la imaginación para articularos a la distancia: resultó ser -según mi turbado oído- representante de un periódico local de renombre y una revista de la que no pude escuchar el nombre completo.

Cuando indicó a la mujer que bajaría yo comencé a escribir en otra hoja la dirección de La Exquisita Ignorancia y el nombre de la columna que quizá esté leyendo él mismo ahora. Al pasar me dirigí hacia él y le pregunté si era periodista, cuando respondió positivamente le hice saber del blog y la columna. -Hay que tomarnos un café, porque ésto está bien interesante!- eso fue lo que inmediatamente respondió. Le entregué el pedazo de hoja y me pidió mi número celular. -Te hablo y nos tomamos un café- dijo para finalizar el encuentro y bajó por atrás.

Más adelante, allá por el cruce con Av. Vallarta un hombre pidió un aventón al chofer. El chofer le respondió: -no te puedo dar raid, no te puedo dar raid-. Sabía que probablemente al a mañana siguiente su encuentro con The Reporter -como lo llamaré por ahora, pues desconozco su nobre- tendría consecuencias. Debo ser sincero aquí y aceptar que fue muy grato encontrar a The Reporter en la mera movida, poniendo el dedo sobre -casi- el mismo renglón que yo, mientras viaja en el transporte público.


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Chronicle #11 (Ciclofilia y Frustración)

Posted by Ricardo Robles | Posted in | Posted on viernes, enero 01, 2010

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-¿Y dónde las vamos a dejar?- preguntó Ella. -Ahí en la Selva, y si no, pues en la misma plaza- dije, pensando yo en que si Petersen había agarrado su bici para ir a chambear, se removian los intentos por pedir una ciclovía, y tanto movimiento de iniciativa ciudadana para impulsar una nueva (vieja) manera de moverse en la ciudad; nada se interpondría en mi intento por ir a dar la vuela en dos llantas en vez de seis, -o en cuatro.

Le dimos la vuelta a la plaza buscando unas de esas estructuras de fierro para encadenar bicis y motos, pero fue en vano. Entonces consideré que podríamos dejarlas afuera, amarradas a un poste, pero, irónicamente desconfié de abandonarlas afuera de la plaza. -Total...- me dije , -siempre había algún guardia de seguridad para vigilar, o por lo menos para dar la finta de que el lugar permanece vigilado-. Alguien con la responsabilidad de resguardar la paz y el orden no permitiría que nada atentara contra nuestras in-atractivas bicicletas.

Entré con seguridad en el caminar, con mi bicicleta del manubrio y el asiento. Mi rodada 27 tiquitaba mientras el guardia de la puerta con su mutismo se delató durmiendo detrás de sus cuadrados y gruesos lentes de sol. -Seguro nos permitirán dejar las bicis en guardaropa- le dije a Ella más que esperanzado y ya con el hirviente ansia de palomitas. Llegando al centro de la plaza se dirige ante mí, de frente, La Guardia, con la mano en el radio, -al estilo del viejo oeste- como dispuesta a tomar las acciones que fueran necesarias para detener el atroz acto de transgresión a la seguridad del establecimiento. -Nada con llantas puede pasar- dijo con la fachada y el tono de pocas pulgas. La miré con un torbellino de pensamientos torcidos y mutilados. Asentí con la cabeza. -Y... ¿Cómo le hizo él para pasar?- Afortunadamente -y como en caricatura gringa- pasaba a nuestro lado un niño con polio en una silla de ruedas.

Pensé a mis adentros: ¿cuál es el maldito problema? ¿las ruedas?!! He ido a la universidad en patines un par de veces, y en todas ellas los guardias de seguridad me nan pedido que me quite los patines porque es peligroso. Y las bicis? ¿y las motos?, ¿y las motos monstruo?, esos armatostes motorizados, ¿y los ciclistas que de bajadita agarran peligroso vuelo? Ellos son la verdadera amenaza. Ah! y otra contra los moticiclistas: ¿de verdad creen que su carril es la línea punteada entre carriles? Bueno, regresando a la universidad, a los ciclistas se les recibe entre aplausos y a mis patines -que también fueron verde-económica-alternativa-y-divertida manera moverme se les señaló en nombre de la seguridad. Vamos! era clarito que con ésta panza y mi mochila a reventar no iba a hacer performance de street skating. ¿Peligroso? qué mas peligroso que un estudiante de arquitectura o diseño caminando con esas maquetas y sus obras de arte, o lo que sean. O, qué tal una mujer que no sabe andar con sus once centímetros de tacón, y qué decir de un freshman inexperimentado portador de café grande bien caliente. La pregunta aquí es entonces, ¿qué les pasa a los guardias de seguridad? Si hubiera estacionamiento de patines en la universidad los estacionaría.

Regresando a la historia: si el niño con polio tiene como casi única (si somos categóricamente exigentes) manera de transporte, su silla de ruedas, ¿cuál es la diferencia si mi manera de visitar la plaza es yendo en bicileta (y no solo de ir, sino de consumir, ¿no es lo que buscan?), ¿por qué no dejar pasar la bicicleta, si no le ofrecen a los ciclistas, sus clientes, lugar seguro para dejarlas?, ¿qué no hay una tienda de refacciones y accesorios para bicicletas dentro?, ¿suponen que sus clientes ciclistas lleguen en automóvil a la tienda de biciletas? En fin, todavía tengo una a mi favor: a diferencia del niño yo no íba paseando sobre mi medio de transporte. (Mi argumento del niño con polio no le interesó, insistió en que saliera de la plaza, sin dejarse cuestionar.)

C O N T I N U A R Á . . .

Arte de Susy Navon (http://www.susynavon.com/) quien amablemente, desde las pampas argentinas, aceptó hacer uso de su obra para esta entrada.

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Chronicle #10 (Reventa-Reaparición )

Posted by Ricardo Robles | Posted in | Posted on viernes, enero 01, 2010

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Fue hace ya varios meses que pude leer en mitadPeriodista (worldpress.com) un artículo en que se hacía mención de la movida que, -supuestamente y según él-, se traían los camioneros con los transvales: reventa. ¿Cómo es ésto posible? ¿Revender? ¿Para qué? La útlima vez que fui a comprar mi dotación de boletitos me fijé bien en el reverso donde claramente decían que su vigencia era anual y que el talón es para el pasajero, no para el camionero. ¿A qué voy?

Hace poco al abordar un Santa Anita R-183, corté el talón del transvale ayudado de la credencial de estudiante y lo entregué. El chofer llevó su mirada de mis manos a mi cara y dijo:

"No los cortes, amigo... Ya no los estamos aceptando, ningún camión los está aceptando cortados..." así como éste ya no nos los aceptan a nosotros, a lo que respondí: "ah sí, ¿y eso?". El hombre del volante dijo lo siguiente: "Es una medida nueva que se esta tomando, ya no se van a recibir en domingos y los sábados solamente de cinco de la mañana a las tres de la tarde y en la noche, entre semana, hasta las diez... esque aquí no es como en Guadalajara" y luego con un tono arrogante e imperativo "métete al internet aista todo..." Calló y hizo ese movimiento de cabeza como diciendo "ya pásale pues" y metió mi mutilado tícket en su portatransvales de acero. ¿¡Qué diablos!? ¡Entonces a los estudiantes se nos quita lo estudiante a las diez de la noche y el fin de semana! Y ¿qué, voy a tener que hacer caminando hasta el puente de palomar (línea divisoria entre Tlajomulco y Zapopan) que queda unos tres kilómetros de mi parada usual para poder restregarle en la cara, al chofercito y su línea Santa Anita Deluxe, mi trasvale? Lo estudiambres no se nos quita hasta que se acaban los semestres o de una patada somos expulsados del alma mater. "Este gobierno de veras que no tiene NPI de lo que hace" -dije, dándome aires de conocedor. Estaba indignado. ¡Qué manera de mandar al hijo de vecino a decir las tarugadas que hace uno solito! Seguí molesto mi camino y casi llegando a mi destino recordé lo que había leído en aquel blog y mis corajes y dudas hervían en las tripas. Llegué a mi casa y lo primero que hice fue encender la computadora y comenzar a buscar algún indicio de esta nueva medida; utilicé todas mis habilidades para buscar las noticias, navegué -por segunda vez en la vida- la página de la secretaría de vialidad y transporte, la página del gobierno municipal de Tlajomulco de Zúñiga; y nada, no encontré nada.

Estas cosas son patrañas, son producto de la inventiva de los choferes y sus patrones, o quizá desde las mutualidades y sindicatos. Tiempo despues al abordar otro camión, temeros de ser sermoneado otra vez y bien zambutido en mi conflicto interno, entregué mi transvale completo y me pasé. La voz del operador de aquella ballena motorizada me pidió que tomara mi parte del boletito, -esta parte es para ustedes- (¡¿Qué?!) dijo con su joven voz, me agarré bien del tubo y aproveché mi oportunidad. Le pregunté qué sabía el de por qué unos choferes-rutas piden que no quites el talón y otros se molestan por que los usuarios no se los quitan. Contestó -de muy buen agrado y en modalidad de platiquita- que todo dependía de los patrones, que unos los piden a sus empleados sin talón y otros se los piden con todo y talón parar poder revenderlos -el otro día me dijo un muy querido amigo y champucero de La Exquisita, que había presenciado abordo del camión, cómo el chofer ofrecía transvales (en reventa) a sus propios pasajeros.

"Si tu vas a las oficinas de otras rutas y dices: quiero comprar transvales, ahí te los venden, de los mismos que otros pasajeros dieron", me dijo el joven operador del camión. Confirmé aquello que no podría creer de mitadPeriodista.

Me declaro un ignorante del teje y maneje político-burocrático de este país, pero estoy seguro que más de algún lector podrá esclarecernos qué sucede aquí. Me queda claro que cuando compro mis transvales, mi dinero está perdido, los boletitos no son dinero, uno le entrega a la SVT a domicilio y por adelantado los viajes futuros. Pero si al entregar el dinero al chofer, y éste a su vez lo reporta al siguiente escalon de la jerarquía burocrática de los transportistas, ¿de qué le sirve a ellos los boletitos? ¿los regresan a la secretaría y se los cambian por moneda nacional común y corriente? ¿Para qué tanto teatro?

Estoy dividido, debo aceptarlo. Entré en un conflicto ético-moral. ¿Qué hacer, dar el transvale completo aunque ahí esté -supuestamente- asegurado como viajero del transporte público y dejo que el chofer, o su patrón, o el patrón de su patrón, se gane unos baritos más por revender? Quizá es que los choferes han encontrado la manera de sacar su propinita diaria después de ser medio explotados por sus jefes. Es lo único que se me ocurre para explicarme las altísimas velocidades, las atascadotas de pasajeros y la gran variedad las arbitrariedades viales que se avientan cada que se puede -quitando desde luego las opciones de diversión automotriz y la reiteración de considerarlos animales salvajes de estos ríos de automotores.Total, intentando dejar los rodeos con signos de interrogación: yo ya pagué y él me tiene que dejar subir, pero ¿por qué no dejar que se gane ese dinerito?

Al diablo! Bueno... no sé si estoy favoreciendo al diablo o a Dios, o quizá todos son diablo. Gobierno o mutualidades, mutualidades o patrones, patrones o choferes, no sé. Opté por una posición, seguiré quitando el talón de mis tranvales. Me vale, que ai ellos se den de catorrazos. Punto.

Pasando a otro tema:
¿Recuerdan a La Mujer del Abrigo? (Chronicle #6) Antes de toparle otra vez en el camión, la ví de pasada en una parada de autobús, levantaba las manos como si predicara a la pared, estaba sola. Hace poco pude sacar dos fotografías de ella, ahora sí en el camión. Se las comparto a ustedes, amables lectores. En la primera se le puede observar con sus bolsas de plástico negro y en la segunda se le puede ver (más o menos) haciendose aquella limpieza en su cara que los demás no podemos ver.

Nota: La edición de imágenes fueron realizadas en el mejor software en el mercado

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Chronicle #9 (Soliloquium)

Posted by Ricardo Robles | Posted in | Posted on viernes, enero 01, 2010

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Día: Lunes
Clima: Fresco-Soleado
Hora: Temprano
Estación: Primavera
Ubicación: Casi en la esquina
Calzado: Chuck Taylor Converse All Star (Clásico) Modelo Bota Azul 10.5

Comenzaba el día, apenas, se iba difuminando la oscuridad del a madrugada y ya había comenzado el ir y venir de un día cualquiera a patín. Estaba esperando la llegada del transporte universitario -casi en la esquina- cuando mejor me pareció sentarme. En la bardita junto a la banqueta me dispuse a prender un cigarrillo, en eso, se acercó me tendió la mano y balbuceó a manera de solicitud: "para un cigarrito". Debo admitir lo emocionado que me puso semejante situacion. Un personaje de su calibre me estaba dirigiendo la palabra. Mientras me las arreglaba para sacarme unas monedas que traía le dije: "¿quieres la moneda o el cigarro?" Me miró con cara de tener la respuesta en la frente y me dijo que la moneda -cual fuera- era lo que prefería. Le dí la moneda y le ofrecí un cigarro, también fuego. Se sentó a mi izquierda, -en la misma bardita-, haló y aquí comenzó lo que se quedó muy lejos de ser una conversación.

"Fíate, así como tú, horita que me estás dando algo, así yo te tengo que dar algo... ¿y qué te puedo dar?... mi conocimiento, verdá?" Comenzó diciendo el hombre de manos negras y pronunciadas uñas gruesas. "Tú estás estudiando... verdá?... que bueno, eso está muy bien, como yo que no, no quise estudiar... mi papá me decía: tu sabes por qué ese está cuajado?... de su patrón, me decía... porque estudió, hay que estudiar... no como yo que ya no estudié, hay que estudiar para ser alguien... me decía mi papá: tú estás muerto. Tú estás muerto. Todo mugroso, todo marigüano, tuatuado". Hasta aquí no tengo gran cosa que decir al respecto -ni creo tampoco poder en otro momento- lo extraño e intrigante vino después.

"Mi vieja me decía, así como yo bien marigüano, chida, bien chida ella. El otro día hablé con Jesús, yo hablaba con Jesús, y estaba yo bien contento porque estaba ahí con jesús, bien agustote... el otro día tuve un sueño, y soñaba que de mi vientre[...]" ya no recuerdo qué decía, continuaré escribiendo todo lo que recuerde de su monólogo, pues muchas eran las palabras y más aún las imágenes que se desprendían de la combinación de todas ellas el volumen iba y venía con su mirada a todas direcciones. Recuerdo que para entonces ya estaba yo de pié, anteriormente había visto llegar la camioneta blanca de la universidad y no me pude despegar de la "conversación" cuando me levanté, él se levantó conmigo y me siguió. Estaba en conflicto, tenía ahí la conversación y mi clase comenzaba en diez minutos. No alcancé a dar luces de querer abordar al conductor, se fué y yo me quedé con mi compañía callejera: un peatón con los tenis bien desgastados.

Seguía hablando de su sueño: "estaba con una mujer muy hermosa, tenía cabello negro bien largote y muchos tuatuajes, toda tuautada, como mi mujer, bien cholota, bien marigüana con los pantalonzotes bien cholota, y yo estaba con ella y luego yo estaba con ella y mi pene (bajando la voz y acercándose continuó) hacía así... (y con su índice desde su entrepierna lo hacía oscilar, como diciendo que no) entonces estaba Isaías, y me decía: mira, la mujer es mala, es mala porque luego te quieren agarrar el pene... (hizo pinzas con pulgar e índice y me mostró cómo es que el profeta le instruía). Para entonces yo ya miraba en todas direcciones, escuchaba su narración y al mismo tiempo planeaba una estrategia para llegar en tiempo al B-112, pensé en el buen Ruta Santa Anita, en un taxi cualquiera -me cobraría quince pesos si acaso-. No me dejaba de hablar -eso creo-, estaba a mi lado y hablaba, no dejaba de hablar. La colilla de su cigarro yacía en el suelo desde hacía no sé cuanto tiempo. "Despertaba en mi sueño y yo era homosexual de niños... y yo decía, por qué soy así, así... homosexual de niños... y luego yo era la virgen y estaba lleno de flores" Prosiguió después de hacer el ademán con ambas manos simulando una aureola floral alrededor de todo su cuerpo.

"Pero cuando yo me cure, podré estar con una mujer otra vez, con mi mujer." Ya no sé si esta última frase era parte del sueño o parte de una especie de añoranza en otro plano, a final de cuentas, insisto, qué caótico soliloquio. En mi premura abordé un camión que parecía iría en la dirección al campus, equivoqué, tomó un rumbo extraño, tuve que bajar y me llevé la oportunidad de repasar este pasaje en una caminata más larga de lo que esperaba.


El Peatón

 
Nota: Cualquier parecido del personaje descrito y el que aprece de espaldas en la fotografía es mera coincidencia.
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