Chronicle #7 (Rain down, rain down on me)

Posted by Ricardo Robles | Posted in | Posted on viernes, enero 01, 2010

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La afortunada aventura comenzó con la mejor disposición para una tarde veraniega: un buen paseo a pie, una posible adquisición de nuevo material para la lectura de placer, café, una agradable conversación, y un regreso en paz. Decidimos comenzar la travesía, sólo el morral con algunos triques y la mejor compañía. Plática fluida, algunas cosas nuevas, otras no tanto. El calor comenzaba a menguar y se caminaba sin mayores bochornos.

Llegando a la librería nos sumergimos en la inmensidad de títulos y autores bajo los letreros de: universales, hispanoamericanos, filosofía, sociología y, otra que no recuerdo. Habrá pasado una hora, quizá un poco más. -¿Está lloviendo?- pregunté. -Ahá...- respondió, con los ojos clavados en la contraportada de un grueso libro. Yo me entretuve en la sección de dramaturgos, -sería divertido leer un clásico-. Me enganchó sorpresivamente un título de Monsiváis a un precio bastante sensato, pero la economía las últimas semanas no ha andado nada bien, así que mi compra se postergará quizá para la siguiente semana, quizá para más delante o más delante aún. Después de pagar, dirigimos las miradas al área de café, estaban los lugares, todos, ocupados. ¿Qué tal afuera, allá enfrente o allá de aquél lado... o regresamos ya? Optamos por caminar, la tarde estaba totalmente renovada, fresca, parecía que las aves también agradecían el fresco y cantaban, unos se esponjaban en el cableado de las calles y azoteas. Excelente tardecita.

A las seis u ocho cuadras el agua reaparece en la modalidad de lluviecita, silenciosa, todavía refrescante. Seguimos nuestro camino, para entonces ya traíamos buen ritmo, los semáforos -aunque se escuche automovilístico- nos habían favorecido a no detenernos y en eso: arreció. Gotas gordas de líquido vital, tan (cada vez menos) característico del planeta azotaban las banquetas (cortamos en una esquina por debajo de la lona de una tiendita) la negra calle y nuestras cabezas, aceleramos el paso. El viento tambien comenzó a hacer de las suyas y solo gracias al movimiento continuo del caminar, sorteando los charcos y las corrientes casi torrenciales de algunas esquinas, pudimos combatirlo. -Me quejé en mis adentros- Quería caminar más rápido, ¡llegar ya! Se habían empañado mis lentes, escurría el agua por mi nariz, los converse se convirtieron en acuatenis, -creo que es exclusivo de las mujeres lloverse y mantener el peinado- la mezclilla se hizo doblemente pesada y la tarde ya no era tan excelente.

Recordé mis basaroa -paseo, en lengua rarámuri- en las veredas de la sierra tarahumara, más de alguna vez había sido embestido por la lluvia, fué ahí que mis ojos atestiguaron un primitivo y natural comportamiento ante este fenómeno meteorológico. Ante la lluvia el pueblo rarámuri, y muy seguramente la gente del campo, permanece imperturbada. A pesar de poder predecir oportunamente -y en ocaciones a días de distancia, el momento del comienzo de la lluvia y su duración- la actividad que realiza en el preciso momento de la lluvia carece de modificaciones, no hay gritos, ni presurosos andados de espanto, la gente no le huye al agua. Lo que para tantos pueblos que viven de los cultivos de temporal - como el ejemplo de los rarámuri que en la mayoría de las ocaciones el cultivo es para el autoconsumo- significa una bendicion, para el ciudadano significa: inundación, enbotellamiento causado por el estupidecimiento de los conductores, accidentes de tráfico -por el mismo motivo-; no ver las series favoritas en la televisión por cable, fallas en el internet, la luz, que los documentos de la mochila se echen a perder y a los cuadernos se les hagan olitas de humedad; que los juniors se crean en Splash Mountain y te empapen mientras esperas el camión, o el mismo camión; que los puestos de comida en la calle se queden sin clientela; que muy probablemente te enfermarás, etc.



Seré sincero, costó mucho trabajo y solo duró unos instantes -eternos-, hice un paréntesis del momento y ahora puedo decir: es especial el silencio bajo la lluvia... la ciudad se ve distinta, el ruido es de un alboroto natural, hay luz pero no hay sombras, el olor tapatío de la tierra mojada es único... deseé tener un barquito de papel.

¿Hace cuánto que no se moja usted bajo la lluvia?


El Peatón

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