El Peatón Chronicles

Posted by Ricardo Robles | Posted in | Posted on jueves, junio 10, 2010

2

Chronicle #16 (Harmonipan Frati cC´SCHOENHAUSER ALLEE 73 Berlin y mi Ignorancia Musical)



Hora de llegada: Unas horas después del amanecer
Traslado: 5 horas
Ubicación: La Capital
Pretexto: Vuelven 10 años después.
Presupuesto: Muy poco

Esa vez pisé por primera vez en la vida tierras aztecas. Mi emoción era tan grande que casi ni hago alborote por la gran cantidad de la mierda humana –sin alusiones a ninguna otra cosa, me refiero explícitamente a eso: heces fecales– que entre restos de vómito y salpicadas de orina ambientaban mi primer recorrido por las callejuelas de la colonia Olímpica. La mañana de aquel día soleado daba terminación mi espera esperanzada de llevar mis converse a los ardientes pavimentos de de la Ciudad de México y la inminente caída de mis imágenes a blanco y negro de la gran Ciudad de México que he recogido de las películas de Pedro Infante y Cantinflas que me gusta ver con la tía Ana -no cuenta Hombre en Llamas.

Cuando los nómadas capitalinos nos cuentan (a nosotros los de provincia) de la tierra que los vio crecer –o a veces ya de perdida nacer– pareciera que el ahínco está en engrandecer lo grande de aquello y empequeñecer lo que consideramos grande de nuestras tierras. Mi cabeza para cuando llegué ya estaba rellena de de lo que los medios nos comparten a la distancia: que López Obrador, que los maestros, que la pista de hielo, que la delincuencia organizada; de los cuentos que los chilangos allegados míos, me habían contado: que los verdaderos tacos de suadero, que Iztapalacra y Atizapunk, que los embotellamientos o el metro de a de veras; y de las imágenes que yo me había creado por mera imaginería: ríos de personas, de coches, burócratas, vendedores ambulantes, ratas (roedores y homínidos), etc. Yo sólo tenía un par de horas para ver todo lo que pudiera y todo lo que alcancé a vivenciar fue el Zócalo, unas estaciones del metro, cuatro microbuses, y el Foro Sol: ni Teotihuacán, ni Museo de Antropología e Historia, ni Bellas Artes, ni Xochimilco, ni CU, ni bibliotecas, ni macro plazas comerciales, ni chorizo de colores.

Casi la mitad de mi tiempo de expedición se fue en traslados, y más de la mitad del resto en fotografiar imaginaria y digitalmente esos pocos escenarios en los que pude estar. Saliendo de catedral pude dar oídos a un aire distinto al que rodeaba ese inmenso recinto al entrar. ¿Un sonido europeo, circense? No. Se saboreaba mexicano… ranchero. Se sentía como un ambiente de película de Viruta y Capulina. Ojeé en todas direcciones y ahí detrás de la reja, entre los transeuntes dominicales estaba ese hombre que dando vueltas a una manivela de un mecanismo mágico producía (¿reproducía?) una pieza musical de unos cincuenta años de antigüedad – quizá más. Saqué veloz, a la Clint Eastwood, mi Cybershot calibre .38 y videograbé unos segundos de esos momentos de ambientación de antaño. Llevaba bordado en la espalda de la camisa: UM Organilleros de México 101. El musicalizador del mediodía se escabullía de mi lente y en un primer momento se esmeró en darme siempre la espalda confirmando de vez en vez mi ubicación, por eso es que pude tomar nota fotográfica del bordado en su camisa.

Preguntas: ¿El organillo o cilindro es verdaderamente un instrumento musical? ¿Puede alguien graduarse de la escuela de música como Cilindrero/Organillero? Solo hay que darle vuelta al manubrio y tener la fuerza suficiente para cargar ese cajón de un solo pie. ¿Italiano? ¿Alemán? ¿De origen-tradición o sólo fabricación? ¿Porqué solo escuché una melodía? ¿Cómo se cambia de melodía, se cambia el mecanismo entero? ¿Es acaso tipo de cajita de música con esteroides? ¡Qué ignorancia la mía!

Quién mejor que un jornalero del centro histórico para detectar turistas y camarógrafos que buscaran llevarse la foto sin dejar la respectiva propina. Entendí el mensaje a los varios intentos de sacar una buena fotografía mientras hacía como que la virgen me hablaba, y cuando me había dado por vencido, el Organillero dejó ir la manivela para hacerme la seña pidiéndome que me acercara para, ahora sí, tomar bien la foto. Le agradecí y me fui satisfecho. Ver y escuchar toda la escena me regaló, por unos minutos, la Ciudad de México que conocía, de lejos y en blanco y negro, la que más me gustaba.

Otras cosas que me hicieron feliz:
Taxis Volkswagen verde, una conversación con un taxista, los vendedores del metro, policías con uniforme caqui, dos manifestantes en huelga de hambre, el asta bandera gigantesca, los órganos tubulares de catedral, un concierto para 55 mil espectadores y la voz chilanga en todas partes.

Leer Mas......

Reseñalizaciones

Posted by Ricardo Robles | Posted in | Posted on jueves, abril 29, 2010

4

De Atar Cabos

Varias llamadas truncas me llevaron a ver una película en solitario  -creo que nunca lo había hecho- y ahí en mi butaca me he llevado una experiencia difícil de explicar, sigo dando vueltas.

Lejos de ser una clásica película del profesor de barrio negro; lejos de ser una película del chico raro en clase; lejos de ser una película de negros; de ser una película de gordos; lejos de ser una manipulación emocional para ablandar corazones; y lejos de ser una película en la que los sueños se pueden alcanzar; lejos de narrar la historia de la niña que se quita los lentes y todo mundo descubre una preciosidad; una película sin héroes ni humor gringo; Precious es una película que roza todos estos temas favoritos de Hollywood y se sale bien salvada del cliché. Precious aparece en cartelera con deslumbrante realismo, con un drama profundo y por más complejo y complicado: todo nuevo para mí.

El cuento de Precious es bastante simple, pero los personajes están articulados con un sentido de correlación seca que le da estructura y movilidad a eso que vemos en pantalla. Los personajes centrales están redonditos, todos son hermosos por sus historias, por lo que dicen y callan, por sus miradas y muecas.  Me enamoré de una maestra, -no es la primera vez que sucede-; tardé en reconocer a Mariah Carey, que saca la casta en un papel sin hacer uso de sus cabellos y caderas, quisiera ser como Miss Rain; Lenny Kravitz me sacó la primera y casi única sonrisa natural -sin ironía o sarcasmo-, pero Mo´nique me despertó un profundo odio, luego no estoy seguro si compasión. Precious es oscura, opaca, misteriosa; está en el mundo con suficientes cabos sueltos como para articular palabra. Si Lee Daniels no nos hubiera permitido compartir de la magia del trance alucinatorio de Precious, la película sería simplemente insoportable.

Entre más cabos se atan más cruda se hace la historia y los culpables se desvanecen. Somos nuestros héroes y villanos, pero no hay ni héroes ni villanos. Solo hay un montón de historias y opciones, no se trata de dos sopas, no nos alcanza la cabeza para imaginar lo que hay de comer.

Existen opciones, en un principio las toman nuestros cuidadores , luego se fractura más o menos violentamente su amparo y a quien le toca apuntar es a nosotros. ¿Qué hacer con eso? En verdad no sé. Cierto es que por momentos, -especialmente al inicio- no hay muchas opciones, pero cuando por el curso natural de la vida nos lleva a desear más allá de la propia historia, una opción, aunque esté mutilada, es un opción. Entre más cabos sueltos Precious logra atar, más cruda es la historia, ¿cómo más podría ser? Uno no siempre puede encontrar en el album de fotografías paz y tranquilidad, si fijamos la mirada, detrás de las sonrisas y colores accesamos a historias de monstruos, presencias de gente muerta, sombras de desconocidos y lámina corroída en humedades o resequedad. ¿Qué hacer con eso? ¿Abrazarlo? ¿Besarlo? ¿Prenderle fuego, odiarle, comerle, desmembrarle? ¿Todo junto o por separado? En verdad, no sé. Precious aprendió a leer y escribir, y escribió y escribió...


Gracias Precious.

Reseñalizaciones y La Llave del Picaporte otorgan a  Precious la señal de Paso a Nivel Sin Barreras de Más de una Vía Férrea.
Leer Mas......

El Peatón Chronicles

Posted by Ricardo Robles | Posted in | Posted on jueves, abril 22, 2010

0

Chronicle #15 (El Profesor, José y El Agua)

Día: Viernes Santo.
Hora: Mediodía.
Lugar: Cerca de la plaza. (Banquita)
Desayuno: Ninguno.
Ubicación del Sol: Zénit.

El morbo por ver las aguas podridas de aquel famoso río me embarcó en una expedición a La Ex Hacienda Zapotlanejo, a unos 40 minutos de la ciudad. Quería verlo, saber la opinión de las personas, quizá alguna historia relacionada con el río, enfermedades… Pero ésta vez ese no es el tema. Es un hecho, porquería es la palabra menos fuerte que puedo utilizar para nombrar lo que vi debajo de ese puente.

Caminamos por un lado de la plaza principal (y única) y nos dirigimos hacia una tiendita en donde compraríamos la materia prima para preparar unos lonches. Ahí afuera, sentado en una banquita, mientras nos atendían dos mujeres amabilísimas, conocí brevemente a José.

-¿Cómo has estado José?- Preguntó Él (médico del pueblo y aguerrido fan de Rolling Stones).
-Pues más u menos…- Respondió el joven con barba de chivo.
-¿Y eso?- Continuó Él.
-Pues ya ve… todos me tienen asco en este pueblo…- Respondió bajando la voz, y comenzó otro de esos discursos en círculos. Él se metió a la tienda. El doctor regresó a la tienda, lo acompañé. Detrás de nosotros apareció un viejo profesor hablando del clima y la comida (conversación común y corriente). Después de algunos diálogos intrascendentes cuando dice:
-Como diría Boltair: tanto que se ocupa Dios, y si no hay, pos hay que inventarlo…- Me quedé cimbrado, sólo podía asentir con la cabeza y tapar con mi mano la boca para que las moscas gigantes del lugar no se anidaran en mis molares. Este hombre de sombrero y bigote, pantalón de mezclilla color café y huaraches estaba citando a Voltaire: literato e intelectual Francés del S. XVIII. El hombre luego comentó que iba a descansar, un día antes había caminado veinte horas hasta Talpa.
-¿Manda?- preguntó el doctor.
-¡Pues a ver si mi Atlas es campeón!- dijo entre risas.
-¡No pos váyase yendo hasta Nuevo León!- le contestó… (José nuestro personaje anterior permanecía de pie y en silencio a un lado.) Me senté otra vez en aquella banquita y mientras unas mujeres pasaban, saqué a la discre mi camarita y grabé lo siguiente:

No creo que el olor de la Francia del siglo XV, ni la del XVI O XVIII se distanciara mucho de la pestilencia que aromatiza hoy a Ex Hacienda Zapotlanejo; ni que los indigentes sean invento del hombre blanco del S.XX, pero esa día todas las imágenes se combinaron en una auténtica escena: aguas podridas, viacrucis, José “El hediondo”, el viejo profesor de huaraches, la cita de Voltaire… Estaba tan feliz como asombrado. Pronto regresaré a La Tierra de las Aguas Podridas, quisiera conocer más de ese pueblo y de su gente. José me cayó muy bien especialmente por su útlimo diálogo con esa mujer pro-limpieza.

Diálogo favorito:

(Señora)    “… ni te van a dar nada, porque van a decir: no, ta re… ta hediondo! Necesita bañarse uno José, se empioja uno, por no bañarsee, nadie se va querer, nadie se quiere acercar a ti porque estás mugrosoo…”
(José)      "Buuu mugroso, si ayer me bañé!"
(Señora)   "Uh, pero cuánto tienías que no te bañiabas?"
(José)      "Cómo cuánto, si tu tan bien le sabes, como a cuánto tienía que no me bañiaba? A ver…"
(Señora)   "Yo no sé… yo no te digo que te bañes…"
(José)      "No, Madre Santísima, casi se mi muere la gente… diaquí…"


Por favor... Explíquenle a José que el agua es vida y salud mientras se asoman a ese puente...
Leer Mas......

La Gaveta

Posted by Ricardo Robles | Posted in | Posted on jueves, abril 15, 2010

0

Las Gatas

A las primas les decían ‘las gatas’, pues para Tere y Pila su contacto con el exterior se veía reducido la mayor parte del año a asomarse por la ventana, añorando andar por las calles de aquel pueblo minero. Picón o conchas, café con leche y gruesas largas ropas de dormir eran los testigos de sus murmullos nocturnos; El Stromberg Clarson lo más valioso en la sala; las estaciones de la gran Ciudad de México les entretenía con el progreso que traía Tata Lázaro al país y las canciones de Javier Solís a quien llamaban ‘la voz de terciopelo’.

Ese año había sido esperado con gran emoción: el padre de estas niñas un año atrás le prometió a Teresa festejar su cumpleaños con misa y un desayuno. La idea se debió a la erupción de orgullo familiar en la sangre de aquel hombre, a consecuencia de haber escuchado recitar a Tere a caso de rosas blancas y gorriones en el festival escolar. La fiesta tendría lugar el primer día de junio, y aunque se decía que aquel hombre era de palabra, las niñas conocían a su padre y mantenían viva la ilusión sosteniendo la fantasía en sus corazones; pues la parte más suculenta de la promesa era conocer el mar, ese cuerpo de agua que cubre al planeta entero. El océano para ellas –especialmente para Teresa– era un mar de picassos que de sólo imaginarlo se le torcían las ideas entre marineros, buques, piratas y sirenas.

Los ingenieros de la compañía –que apenas habían llegado en Diciembre– ya les pretendían con la mirada y algún cumplido que apenas respondían. Su padre, un viudo y bebedor, llevaba cuatro días sin llegar a casa; ellas callaban en un miedo rencoroso y compasivo, resultado de sabrá Dios qué. El hombre de fuerte y respetado apellido era severo con ellas y su mano era tan gruesa como el cuero de los puercos de Elías. Temerosas de Dios, tras pretextos de mercería, lograban salir en fechas de fiestas patronales, pero antes de que se prendiera fuego al castillo estaban de regreso a sus cortinas mamey, la cuetiza les despertaba hormigueo en el vientre y se tapaban la boca para que sus risas no llegaran a oídos de su amado custodio. Ellas deseaban con igual fuerza experimentar el afuera como consolar el corazón de su padre marchito.

La bien entrada primavera había apaciguado los ventarrones secos y helados, el sábado fueron llevadas al rancho, junto a Ana María, la hija del tío Nicolás. El aire que respiraban era cálido y perfumado, las tres primas mientras corrían y cortaban flores hablaban de los atrevimientos que tenían para con ellas Méndez, González, de la Mora y de un gringo pecoso de apellido impronunciable; quejumbrosas y sonrojadas reían recordando, e imaginaban lo que podría suceder si asistieran al ya muy próximo festejo de Teresa. Aquel día las carcajadas confabularon con sus tobillos, y un mal paso hizo que Pila –la más morena del trío– callera al arroyo seco. Su pierna se rompió sobre una piedra afilada y su hueso astillado se podía ver en el vértice de lo que parecía una segunda rodilla. Ana María se quedó como cantera de catedral mientras lloraba y Teresa –la más vivita de las tres– se arrancó en sus zapatillas blancas, consiguió la asistencia del viejo arriero quien llevó a su hermana herida a donde su padre. Él la recibió con una guajolotera como penca de nopal: "paque aprendiera". Ana María lloraba cada vez más fuerte, pero a ella no se le dirigió siquiera la palabra, él nunca tocaría a la hija de su hermano. El doctor Padilla se llevó todos los pesos del bolsillo del padre. Para fines de abril ya había pagado dos veces el esperado festejo y el viaje a la playa: la primera en el juego, la segunda en el hospital del estado. Esa tarde en el rancho fue la última vez que llenaron un costal de pura manzanilla.

Seis meses adelante su padre que no salía de la tristeza de la muerte su esposa Teresa terminó por ahogarse en mezcal y pasada la primavera de las primas, quedaron aventadas a la libertad. Una libertad de un largo luto, casi cinco años de negro vistieron las hermanas, fue cuando se ganaron otros apodos que no conozco. Tere, la mayor había terminado la secundaria y consiguió el trabajo en Teléfonos de México del que se jubiló todavía joven; con ese dinero compran calabaza, ate de membrillo y leche para acompañar las conchas y picones, además la cuenta telefónica para ellas no existe, y aunque existiera no tienen a nadie a quien llamar. Pila se hizo tan diestra en punto de cruz que hoy todavía le encargan carpetitas para regalar. Ana María como sus primas está hecha una viejita, pero cada año cumple su promesa adolescente de ir a visitarlas. Ninguna se dejó convencer por los atrevidos jóvenes, que luego fueron viejos sinvergüenzas. Cuando están juntas escuchan discos antiquísimos y platican de las tardes en el rancho como si hubiera sido ayer. No hablan ni hablarán de aquella caída, ni del festejo de quince años y mucho menos del viaje a la playa. Se sabe que mientras la pequeña convalecía en casa ambas permanecieron bajo castigo, y que rezan siempre por el alma de su padre, de hecho cada domingo después de misa llevan flores a su lápida. Compraron la tierra de a un lado y cuando mueran serán enterradas junto a él. Al final de cuentas: ¿dónde más podrían estar? Hoy solo los más viejos saben de su viejo apodo.

Mi abuela, Ana María, me contó ésta historia saliendo de casa de las primas y ya casi llegando a la ‘nueva plaza’ del pueblo entendí porqué los ojos negros y hundidos de Pila se llenaron de mar –ese que nunca conocieran– al despedirse de nosotros detrás de las cortinas: nosotros estábamos fuera.
Leer Mas......

Paréntesis Personalísimo

Posted by Ricardo Robles | Posted in | Posted on miércoles, abril 14, 2010

2

Quitarle fruta a la piñata

Un día de conversación –casi– casual le hice saber a un querido amigo, y hoy mi médico de cabecera, que tenía un incómodo dolor –'agudo' quizá me corregiría– en mi espalda baja: una casi permanente punzada en la espalda que me producía una sensación de adormecimiento en el muslo derecho y que culminaba antes de la rodilla.
–Cuando supe que algo andaba mal fue una vez en el cine que tuve que pedirle a Ella que me ayudara a cruzar la pierna. Por más que lo intentaba el dolor me mataba en la espalda, en dónde pierde su nombre y en la pierna.– le dije al médico.
–Si quieres ahorita revisamos eso– contestó entre risas.

La prueba letal que dio el irrevocable diagnóstico fue aquella en la que, yo acostado en la camilla de exploración, levantó mi pierna derecha y me pidió que cuando la soltara yo impidiera su caída: perdí, sentí un hachazo en la espalda y lo acompañé con un gemido y ojos saltones.

En castellano tuvo que explicarle a un ignorante de la ciencia médica; se trataba del inicio de lo que podría convertirse en una hernia de disco lumbar: una de mis vértebras oprimía un nervio que iba a dar efectivamente a mi muslo. Para detallar ese hombre de bata blanca con planchado perfecto utilizó uno de esos juguetillos que todo médico tiene en su escritorio de consulta: era una calaverita con columna vertebral que me prohibió desarmar –se podía ver el cerebro y todo eso que hay debajo de los huesos–.
Aquí unos dibujitos para ilustrar:
Mi caso creo que se podría clasificar en degeneración de disco.(Segundo dibujo)

–¿Hace cuánto que no te pesas?– dijo antes de mandarme directamente a la báscula: ese monstruo omnipresente de las anoréxicas. Me midió primero y luego fue deslizando los contrapesos más y más a la derecha.
–Ciento catorce kilos mi Robles!– dijo orgulloso de su meticulosa medición.
–Por lo menos no son ciento veinte– respondí derrotado.

Salimos de su consulta y sentados en su recepción me explicó otros datos que sacó de su enciclopedia estadística cerebral. Aquí transcribo el contenido de sus dos papelitos que al final metí a mi cartera.
Primero habló de números:

IMC=Indice de Masa Corporal
18-25    →  Normal
25-30    →  Sobrepeso
30-34.9 →  Obesidad Grado I
35-39.9 →        “       Grado II
40↑            Obesidad Mórbida


Afirmó que lo que está establecido como Normal es rarísimo, y que en ocasiones ni los atletas bien alimentados tienen esos porcentajes.Luego siguió comparó mis números con los míos:
114/ 181.5 = 34.79% (IMC)


–Esto quiere decir que tú estás cacheteando ya el Segundo Grado de Obesidad– dijo con su característico tono burlón. Su recomendación (y la de cualquier otro médico) fue la siguiente:
-8%= 8-9 kgs. = -30% de riesgo en enfermedades prevenibles.
–No hay de otra que bajar de peso, podrás tomar pastillas para el dolor y para desinflamar pero es cosa de física básica– concluyó, y estoy de acuerdo entré más fruta tiene la piñata más duro cae.


Notas adicionales a propósito de ser hoy el Día Mundial de la Actividad Física:
* México ocupa el primer lugar mundial en personas con sobrepeso. (Yo entro)
* México ocupa el primer lugar mundial en consumo per cápita de refrescos y el segundo en importancia en ventas después de Estados Unidos. (Yo entro)
* En México menos del 15% de las mujeres realizan ejercicios rutinarios, y en el caso de los hombres menos del 25% de la población, todo esto ha ocasionado que el presupuesto en salud se vaya en atender enfermedades muy caras como la diabetes y la hipertensión. (Yo entro)


Cuando me he propuesto a bajar kilos, he logrado buenos números –no como aquel día de la báscula– ya veremos cómo va esta vez. Agradezco a Dios que mis padecimientos sean de éste tipo y no de epilepsias, diarrea o próstata.
Leer Mas......